En plena batalla del sector turístico dominicano el presidente del Grupo Globalia, Juan José Hidalgo, anunció en masiva rueda de prensa celebrada en un restaurante de Santo Domingo que iba a construir 18 torres en sus terrenos de Cumayasa. Ahí están las hemerotecas de los diarios para corroborarlo. No 1 ni 2 ni 3 torres hoteleras o residenciales: 18!!!. Y se quedó tan eufórico al comunicarlo ante unos periodistas embobados.
Hidalgo es un empresario tan luchador como peculiar, capaz de participar en cualquier actividad en la que vislumbre negocio. Por eso ha sido hotelero, presidente de club de fútbol, agente de viaje, representante de futbolistas, dueño de aerolíneas, apoderado de toreros, promotor inmobiliario, tratante de ganado, explotador de Centros de Convenciones, etc, etc. Cuando entre ceja y ceja ve el negocio, Hidalgo se olvida de colegas y amigos, incluso de las normativas legales: se lanza al vacío sin paracaídas.
El presidente de Globalia no tiene un pelo de tonto, pero a veces su gen impulsivo le lleva a cometer fallos como el de Cumayasa. Un proyecto que pocos creyeron que se llevaría a cabo y que sirvió para favorecer al Gobierno y de paso enfrentarse a sus colegas. Un proyecto fallido en el que ya no tiene arte ni parte. Un proyecto que estuvo mal enfocado por los detractores y mejor defendido por los interesados.
La nota anecdótica de aquel almuerzo la protagonizó, sin embargo, un comunicador que organizó la convocatoria de prensa: el mismo comunicador que batallaba con el bando contrario a las torres. Por la mañana fungía con el equipo opositor y las atacaba y por la tarde se ponía la mochila de los partidarios y las defendía. Y ahí sigue el tipo: bandeando por dónde sople el viento.



