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Congos de Villa Mella, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, ¿Con qué se come esa vaina?

por Bolivar Mejia

Este domingo cinco de Junio, de Pentecostés,  culminaron las Fiestas Patronales del Espíritu Santo de Villa Mella, allí estuvieron como todos los años los miembros de la Cofradía de los Congos del Espíritu Santo, quienes a pesar de la marginación, asisten a cumplir con la Iglesia, a manifestar la tradición de sus ancestros y la voluntad del Espíritu Santo, quien legó los instrumentos y los cantos, para que le rindieran culto de generación en generación.

Desde tempranas horas de la mañana, la iglesia del Espíritu Santo frente al parque Ramón Matias Mella,  estuvo repleta de feligreses, a tal punto, que tuvieron que colocar sillas en los alrededores del templo, para los que no cupieron dentro, que desde fuera asistieron a la celebración y recibieron el enérgico mensaje, que transmitía el cura a sus feligreses.

Durante todo el culto, en ningún momento escuche de la boca del sacerdote mencionar la presencia de los miembros de la Cofradía del Espíritu Santo, quienes estaban allí, con sus instrumentos dispuestos para el toque y la alabanza, como les dijo la divinidad  a sus ancestros que debían hacer.  Añoraban que se les permitiera tocar sus instrumentos dentro del templo en honor al espíritu representado por la paloma.  En cambio los cánticos acostumbrados y las voces del coro de la iglesia resonaban entre los muros del santuario, en contraste con el silencio de la canoita, los congos y las maracas. 

Es penoso que Villa Mella no entienda por ignorancia el significado cultural, que para esta población tiene la Cofradía del Espíritu Santo de Mata los Indios, no sólo porque la UNESCO le otorgó el reconocimiento como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad en 2001, sino por lo que representa como elemento identitario, que le adjudica una personalidad a la comunidad, que le distingue y diferencia de otras comunidades  de aquí y del mundo, de ahí el interés, que despierta para los entendidos de la cultura, las manifestaciones culturales  ancestrales.

Enrique Minier es ahora el capitan de la Cofradia, en su hogar estuvo el director del Museo Reina Sofia de Madrid España, el señor Manuel Borja-Villel, andaba interesados en esta manifestación cultural, la de los Morenos y el Gaga de San Luis, expresiones que los dominicanos en la mayoria de los casos vemos como cosas de negros, aunque somos negros, pero para nosotros son cosas de otros negros, más negros que nosotros y nos autoflagelamos, al rascarnos la piel, pretendiendo blanquearla. 

Una vez terminado el culto religioso en la iglesia, el cura anunció la tradicional procesión, para cargar la imagen del Espíritu Santo en forma de paloma,  en un recorrido por las proximidades del templo.  Aquí por primera vez brotaron de labios del ministro la palabra, Cofradia del Espiritu Santo, para exponer el lugar donde irían sus miembros, durante la procesión, los semblantes negros,  de los representantes de la Cofradia, cambiaron de expresión, ya podian hacer sonar los congos, las canoitas y las maracas en honor al Espiritu Santo, al menos durante el recorrido, sus instrumentos estaban entumecidos por el largo silencio, entre las manos callosas de los músicos, hombres, mujeres y algunos jovenes.

El recorrido inició con los miembros de la banda de música del Ejército Nacional al frente de la procesión, seguidos por la imagen del Espíritu Santo cargada por caballeros de la iglesia, detrás los instrumentos, legados por la divinidad a los ancestros de la cofradía, sonaban entusiastas, mientras las voces salmodiaban  salves en honor al Espiritu Santo. Junto a cientos de feligreses desfilaron, por diferentes calles de Villa Mella, hicieron  un círculo  alrededor del templo y regresaron con la imagen, que fue colocada al frente a un costado del altar, el cura despidió a los presentes, momento que aprovecharon los miembros de la cofradía para hacer sonar sus instrumentos dentro de  los muros del santuario.

El templo cerró sus puertas y la gente se marchó a sus casas, pero los de la Cofradía se instalaron en la glorieta del parque Ramon Matias Mella, y comenzaron a tocar para un pueblo, que no solo se esta olvidando de sus tradiciones musicales, sino también de las gastronómicas, puesto que el chicharrón escasea y ya no protagoniza las frituras al borde de la calle, como antaño.¡Caramba!, el olvido nos está carcomiendo el alma.

 

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