El malecón de la Avenida España y la conciencia ciudadana.

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Bolívar Mejía

El malecón de Santo Domingo Este nada tiene que envidiarle al malecón del Distrito Nacional, el de la avenida George Washington, esta prolongación costera que divide el rio Ozama hacia la parte oriental de la ciudad de Santo Domingo, es uno de los espacios más hermosos que posee Santo Domingo. Desde el puente Juan Carlos hasta punta torrecilla, un espacio salpicado de cocoteros que saludan el mar,  invita a disfrutar de un entorno fresco y lleno de sombras, apto para la contemplación espiritual, el ejercicio físico o el simple deambular.

Sobre la franja de grama que se extiende entre el acantilado y la avenida, la gente coloca sus sillas, chairlong, mesas para jugar dominoes, los niños corretean libres o vuelan chichiguas, mientras los enamorados encuentran rincones apropiados para sus arrumacos y conversaciones íntimas. Los fines de semana el lugar es muy concurrido y se llena de vendedores, coqueros, venezolanas ofreciendo cachapas, oferentes de catibías y chicharrones, encuentran allí compradores para sus ofertas.

Solo dos aspectos desentonan con ese hermoso paisaje visual, los deliveries  que corretean por las aceras,  en procura de pedidos, modalidad que al parecer se ha incorporado a esta zona, ya que en la avenida George Washinton no he visto este tipo de servicio, ni creo que lo permitan, porque estas incursiones motorizadas ponen en riesgo la seguridad de los peatones.

El otro problema es la basura que contamina el espacio, el entorno visual luce sucio, se nota que las  autoridades municipales la recogen, porque los desperdicios aún no se amontonan, sino que están esparcidos por toda la orilla del muro de concreto, por lo tanto los culpables de que la zona se vea llena de botellas, plásticos, fundas y papeles, son las personas que hacen uso de este espacio público, quienes utilizan los bancos y desde allí arrojan con desparpajo hacia la grama, los desperdicios que generan. Aunque es justo destacar que por ningún lugar vi un zafacón o contenedor disponible.

¿Estamos perdiendo las costumbres que nos caracterizaron como un pueblo limpio? Un pueblo anfitrión, receptor turístico no puede darse el lujo de presentar sus atractivos con el nivel de contaminación visual y ambiental que observe en el malecón de la Avenida España, donde la gente se recrea sin la menor indisposición entre una capa de basura que ellos mismos generan en un espacio amigable  que les acoge y que lo menos que podemos hacer por él es librarlo de los desperdicios que producimos.

Hay que rescatar el sentido de urbanidad y limpieza del dominicano, que aunque sea pobre, es limpio, cuando usemos esos espacios de recreación publica, carguemos con nosotros una bolsa donde podamos colocar los  desperdicios que generemos, botellas, platos desechables, restos de comida, hasta que podamos colocarla en un lugar adecuado, es nuestro deber como ciudadanos. Urge una campaña seria de educación y sensibilización con el medio ambiente, que ayude a convertir a los munícipes dominicanos en verdaderos ciudadanos anfitriones, respetuosos de sus recursos y portadores del buen sentido de la hospitalidad, que siempre nos ha caracterizado.

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